Antes de cerrar el año, te propongo un ejercicio para catar lo vivido como si fuera una botella especial.
Antes de abrir la botella del año nuevo, merece la pena catar la del año que se va. No para juzgarla, sino para comprender qué ha pasado dentro de ti.
Te propongo un ejercicio sencillo en cuatro pasos:
1. Elige la “botella” del año
Si este año fuera un vino, ¿qué tipo sería?
- ¿Un vino joven, rápido, intenso?
- ¿Un crianza que ha necesitado tiempo y paciencia?
- ¿Un vino un poco desequilibrado, pero con potencial?
No pienses demasiado: escribe lo primero que te venga. Esa metáfora ya te está hablando.
2. Fase visual: ¿cómo se ve tu año?
Con la copa en la mano, mira el líquido y responde:
- ¿Ha sido un año claro o turbio?
- ¿Lo ves más bien ligero o denso?
- ¿Hay algo que aún no se ha asentado del todo?
Escribe tres palabras que describan la imagen de tu año.
3. Fase olfativa: ¿a qué ha olido tu año?
Acerca la copa a la nariz y pregúntate:
- ¿Qué emociones han sido más intensas estos meses?
- ¿Qué miedos se han repetido?
- ¿Qué deseos han empezado a asomar?
No hace falta ser poético. Puedes escribir: “miedo, ilusión, cansancio, gratitud”.
Lo importante es poner nombre.
4. Fase gustativa: ¿qué sabor te deja?
Da un sorbo pequeño y pregúntate:
- ¿Qué aprendiste este año que no quieres olvidar?
- ¿Qué ya no quieres volver a repetir?
- ¿Qué te gustaría seguir “madurando” el próximo año?
Termina el ejercicio escribiendo una frase:
“Brindo por dejar atrás _______ y abrir espacio para _______.”
No se trata de hacer una auditoría perfecta de tu vida, sino de honrar lo vivido y brindar con honestidad. El vino es la excusa. El viaje, como siempre, eres tú.